sábado, 15 de octubre de 2016

Árbol genealógico de la familia Altamirano, desde la reconquista de Trujillo, hasta la generación de la conquista de América.

Árbol genealógico de la familia Altamirano desde la reconquista de Trujillo, España, hasta la generación de la conquista de América.

Se muestran algunos posibles ancestros de la familia del Dr. Manuel Altamirano, desde las raíces con Fernán Ruiz de Castro (Fernán Ruiz Altamirano) héroe de la toma definitiva de Trujillo, en 1232, durante la reconquista, hasta los frutos con algunos personajes que participaron en el periodo conocido como la conquista de América, como Hernán Cortés, Francisco Pizarro, Francisco de Orellana, el contador Juan Altamirano, así como el Lic Juan Gutiérrez Altamirano y su esposa Juana Altamirano (su prima quinta).  Estos dos últimos son, al parecer, los primeros ancestros directos del Dr. Manuel Altamirano en México, a partir de la rama que surgirá de un hijo de estos, de nombre Juan Alonso Altamirano.

Dado que existieron matrimonios entre varias ramas de la familia, algunos de los personajes en los frutos (en rojo) se repiten y por ello se numeraron.

En el árbol de observa la rama de los Altamirano que tomó el nombre de Orellana, de donde fueron principales, así como la rama de los Torres, linaje que se tomó por herencia de Estefanía de Torres. Se sugiere también la unión de la rama que se asentó en Arevalo, Fontiveros, Pardiñas y Arenas de San Pedro a finales del siglo XIV.

Fuentes:

-Barriocanal-López, Y., y Gallego-Domínguez, O. 2011. La Capilla Funeraria de los Altamirano en Santa María la Mayor (Trujillo). Norba-Arte XX-XXI. 29-39. Tomado del siguiente enlace: file:///C:/Users/Usuario_Asignado/Downloads/Dialnet-LaCapillaFunerariaDeLosAltamiranoEnSantaMariaLaMay-495629%20(3).pdf

-De Montalvo, Juan José. 1928. De la Historia de Arévalo y sus Sexmos (común de vecinos, ayuntamientos y linajes). Vol. I. Imprenta Castellana. Disponible en el siguiente enlace: http://bibliotecadigital.jcyl.es/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=10066683

-eTrujillo.com. Alcazar de Altamirano. Página consultada el 15 de octubre de 2016 en el siguiente enlace: http://www.etrujillo.com/web/historia/Alcazar%20de%20Altamirano.htm

-Morales M., Manuel. 1966. Los Altamirano en la Conquista de América. Edit. Tecniform, S.A., México.

Árbol genealógico de la familia Altamirano desde la reconquista de Trujillo, España, hasta la generación de la conquista de América. 



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miércoles, 3 de agosto de 2016

3 de agosto de 1844. Dispensa de algunos requisitos para examinarse de abogado para D. Manuel Altamirano y Téllez, hijo del Dr. Manuel Altamirano

3 de agosto de 1844. El Diario del Gobierno menciona un documento del 17 de junio de 1844 sobre la dispensa de algunos requisitos y formalidades para examinarse de abogado para D. Manuel Altamirano y Téllez (también "Altamirano y Telles"), hijo del Dr. Manuel Altamirano y padre del Dr. Fernando Altamirano.




lunes, 25 de julio de 2016

20 de julio de 1832. Lantana crocea.

20 de julio de 1832. El sacerdote y naturalista Pablo de la Llave (1773-1833) publica en su revista Registro Trimestre una descripción de una especie de planta, llamada Lantana crocea, y agrega: "Esta planta la cogió y determinó su género en el camino de San Luis Potosí, el botánico D. Manuel Altamirano, quien me dio algunos ejemplares"



sábado, 16 de julio de 2016

16 de julio de 1834. Extracto de la memoria que presentó el Dr. Manuel Altamirano en junio de 1833, consultado por la Junta de Sanidad sobre el empleo del huaco para curar el cólera

16 de julio de 1834. El periódico El Telégrafo inserta un extracto de la memoria que presentó el Dr. Manuel Altamirano en junio de 1833, consultado por la Junta de Sanidad sobre el empleo del huaco para curar el cólera, en la cual él concluye que las virtudes de dicho decantado huaco son exageradas y que “ningún médico adornado de una regular crítica deberá fiarse ni en el uno ni en el otro huaco para atacar al cólera morbo”.  La nota indica lo siguiente:

A propósito del cólera, insertamos hoy un extracto de la Memoria que presentó el año anterior el ciudadano profesor de medicina Manuel Altamirano, consultado como botánico por la junta superior de sanidad, sobre el huaco. Sin adherirnos a opinión alguna, añadimos no obstante en obsequio de la verdad, que el Sr. Altamirano, dedicado como pocos al estudio de la botánica, ha adquirido conocimientos profundos, y que en este ramo su voto puede ser el primero.

Extracto de la Memoria que en el mes de junio del año de 1833 presentó el profesor ciudadano Manuel Altamirano, consultado como botánico por la junta de sanidad de México acerca del decantado huaco, no conviniendo en las virtudes exageradas que le atribuían para curar el cólera morbo los doctores Guerra, Chavert (ambos de la junta de sanidad), Vara y otros.

“En la Memoria que presenté a un digno miembro de la junta de sanidad, en contestación a un oficio que me dirigió en el presente mes (la que acompaño a este resumen) procuré demostrar que los mayores descubrimientos se debían por lo común a los más insignificantes individuos de nuestra especie. Después transcribí todo lo que sobre el famoso huaco, de quien se me pedía diese un informe, dice el P. Gumilla en su Historia del Orinoco, el Semanario de Agricultura, al fin de su tomo cuarto, el tomo sexto de los Anales de Ciencias Naturales: Alibert en su Ciencia Médica: el sabio barón de Humboldt en su Viaje a las Regiones Equinocciales, y en este mismo año mi ilustre amigo el Sr. D. Pablo de la Llave, en su apreciable Trimestre del mes de enero.

Después inculqué sobre las virtudes del mukania huaco como contra-veneno cierto y seguro en la mordedura de víboras, y con esta ocasión hablé de los antifármacos que conocían los médicos de la Europa, y de otros muchos que usaron los antiguos indígenas, y a quienes tanto se empeñaron en degradar los céñebres Paw y de Bufon.

Pasando a insinuar mi juicio sobre las virtudes que se le atribuyen tal vez gratuitamente al célebre huaco, ocurrieron dos tropiezos: primero, el modo de distinguirlo de otro que también lleva el mismo nombre en su país natal: segundo, el combatir preocupaciones que se tienen a favor de dicha planta por hombres de reputación en la ciencia médica.

Lo primero me introdujo a recoger de los autores de caracteres botánicos que nos dan sobre dicha planta bejucosa, y yo mismo trabajé mi descripción a seco; añadiendo después las señales que se deben llamar farmacéuticas.

Me voy a encargar acerca de sus virtudes y de su descripción, sujetando mis pequeños conceptos al juicio de los sabios.

Ya no habrá necesidad de hablar de la mikania huaco como remedio seguro contra las mordeduras de serpientes, pues este es un punto incuestionable. Procuraré esclarecer las que se le atribuyen para curar el formidable cólera morbo. Como correctivo de esta asoladora plaga, no sé si tenga el huaco igual virtud que la que se le imputa contra el vómito negro de Veracruz, de que ha habido tantas víctimas en el presente año (en el de 1833). Que sea útil en el cólera morbo, no está fuera de la esfera de lo posible; y aun me atreveré a asegurar hay algunos ligerísimos indicios.

Primeramente: el mikania huaco es de la clase singenesia, que según Linneo es muy medicinal in medicina receptisima. En efecto se encuentra en esta: el tanaceto, la balsamita meno, o achillea ageratum: la santoima, el ajenjo, el abrótano, la artemisa, el agérato propiamente tal, la matricaria, la camomila, la cotula, o anacitlo cretico: la temelia, la oreja de ratón, o hieracio auranciaco: el taraxaco, la achicoria, el cardo de María, la carlina, el cardo santo, etc., etc. Entre estas hay excelentes sudoríficos, como el arctium lappa o bardana, la carlina, la escorzonera, que se han reconocido por los antiguos como alexifármacos o contra venenos, debiendo entrar en aquel rango la manzanilla matricaria chamomilla que tanto se ha recomendado por los que han hablado en el día del cólera morbo.

En dicha clase natural las más son amargas, communiter amara est, como el zempasuchil o tagetes, el coreopsis (planta que recomendaba mi sabio profesor Cervantes), el nil en rama o aclasillea millefolium etc.; pero el que debe fijar nuestra atención es el eupatorio, a cuyo género, que comprende casi infinitas especies y forma la familia de las eupatorias, pertenece también la yerba que el vulgo llama del ángel, y de quien hace tanto uso en los infartos gástricos, en los dolores de estómago por atonía, o cuando trata de promover la digestión y la apetencia, y por lo común consigue buenos resultados.

A esta numerosísima familia de las eupatorias pertenece la mikania huaco: y si como sancionó el famoso Linneo como canon, las plantas que convienen en la clase natural también convienen hasta cierto punto en virtudes, ¿cómo, pues, se le podría negar al huaco la de curar el cólera morbo, cuando no se le niega a la manzanilla vulgar? La misma comparación debe hacerse con el zempasúchil, de quien se vale el vulgo para curar el cólera morbo esporádico: non te pigeat etiam á plebeis suscitari nos aconseja Hipócrates: y aun médicos insignes, como los doctores D. Luis Montaña, Vara, y el profesor D. Isidoro Olvera, y otros, han hecho uso con favorable éxito de esta medicina vulgar.

Por último, el cólera morbo asiático tiene algunos rasgos de semejanzas con el vómoto negro de Veracruz, y esta terrible enfermedad ha cedido (según lo afirma el Dr. Chavert) por medio de la mikania huaco.

Todos estos pequeños grados de probabilidad a favor de la mikania huaco, nos lo quitarán o aumentarán su análisis químico, y sobre todo la experiencia repetida, pues sin esta nada valen las mejores analogías. Y tanto más debemos desconfiar, cuanto que la terrible enfermedad de que se trata, es de una naturaleza desconocida, y por decirlo así: indómita. De aquí es que en el modo de atacarla, los autores más célebres de la ciencia médica han dado métodos no solo varios, sino diametralmente opuestos.

Pasemos al huaco vulgar, o sea la aristoloquia auguacida (según sospecho).

Se alega en favor del huaco propiamente tal (o sea el mikania huaco de Sprenger) que es un contraveneno, y que si el cólera morbo es producido por sustancias deletéreas y venenosas, debía ocurrirse y hacerse tentativas con el mejor contraveneno de los que hasta aquí se han conocido. Si esta razón tiene valor, también debe tenerlo respecto del huaco vulgar, o sea huaco con olor de zempasúchil, y me apoyaré en las siguientes razones.

Primera. Es planta que corresponde al género aristoloquia (como se lo demostré al Dr. Guerra, y de cuyas virtudes puede leerse en Culen tom 2, y en otros también, que la califican de antídoto contra las mordeduras de víboras).

Segunda. La aristoloquia es una planta que desde la antigüedad se ha tenido justamente por muy virtuosa, y es un remedio que se ha manejado mucho, ya como antifebril, ya como antipodágrico, ya como un tónico poderoso; no así el mikania huaco que viene a ser un remedio de un nuevo cuño, y apoyado solo (bajo el aspecto de que se trata) en unos cuantos hechos aislados.

Tercera. Si la polígala seneka se usó, y con buen efecto, contra el dolor de costado, porque los mordiscos de víboras presentaban síntomas de pleuresía, y se curaban con la polígala por la cual razón y valiéndonos de la analogía, podremos ocurrir a la aristoloquia, que según Held, cura los calambres de los gotosos, síntoma que se halla en el cólera morbo, y casi le es inseparable.

Cuarta. Si la cardialgia es otro de los síntomas del cólera morbo asiático, corrigiendo la aristologia, como refiere Lieutaud, dicha cardialgia tal vez podría ser apropiada y conveniente en cólera morbo.

Quinta. Según el célebre médico botánico Carlos Linneo, las plantas obran por medio de su principio oloroso, dirigido a los nervios: agunt omnes plantae olido in nervos. Esto supuesto, el zempasúchil ¿no es un remedio aprobado, no solo por el vulgo, como dije antes, sino por sabios y despreocupados facultativos? ¿Y qué cosa hay más parecida en el olor al cempasúchil que la aristoloquia o huaco vulgar de que tratamos? Por la inversa: ¿no es verdad que disipados en las plantas el olor y el sabor, pierden su virtud? Destructo in plantis sapore et odore, etiam vis castratur. (Id. Linn.) Tal es la suerte del mikania huaco, o sea el huaco propiamente tal, después de transportado a muchas leguas; y por esta razón los anglo-americanos conservan su jugo en aguardiente embotellado; y los bárbaros africanos, pero que pueden darnos lecciones en esta materia, tienen por cierto en aquel país de Bogotá, en que trabajan como esclavos, que debe usarse de la hoja fresca de aquella maravillosa planta para precaverse y curarse de las mordeduras de serpientes, que ellos manejan con la mayor impunidad. Según el diccionario moderno de ciencias médicas, la virtud anti fármaca del mikania huaco debe casi anonadarse, pues su olor y fatidez se disipa con el transcurso del tiempo.

Sexta. La aristoloquia o huaco vulgar de que se trata, tiene un sabor semejante (rel sápido in fibras) el árbol del Perú Schinus mollis. En Veracruz muchos se han curado el vómito negro con el palo mulato, que es una especie del mismo Schinus: plantae quae genere conveniunt etiam virtute conveniunt.

El análisis podrá ministrar luces sobre esta importante materia. Lo que por ahora hay de cierto, es que esta aristoloquia, a quien llaman huaco de Guatemala, es fragantísimo, y conserva su olor por mucho tiempo, y se halla encerrado en los tubos longitudinales de su tallo perceptibles aun a la simple vista, conteniéndose esta fragancia en un aceite esencial muy volátil.

En resumen, según mi opinión, ningún médico adornado de una regular crítica deberá fiarse ni en el uno ni en el otro huaco para atacar al cólera morbo. La experiencia decidirá sobre ambas plantas, dando término a raíz pequeñas indagaciones con lo que concluye el célebre Carlos Linneo. In scientia naturali principia veritatis observationibus confirmari debent".- Manuel Altamirano.







lunes, 6 de junio de 2016

4 de junio de 1845. Tesis Botánicas. Relación de trabajos y discurso del Dr. Manuel Altamirano para el examen de oposición a la cátedra de botánica.

4 de junio de 1845. El Diario del Gobierno de la República Mexicana publica una carta del Dr. Manuel Altamirano con una relación que él mismo da de sus propios trabajos y de sus competencias profesionales, como parte previa al examen de oposición a la cátedra de botánica, así como su discurso para el mismo fin.

El Dr. Manuel Altamirano buscó este examen de oposición para ocupar la cátedra de botánica desde 1829, cuando falleció su maestro Vicente Cervantes, y durante ese periodo su queja continua fue que la cátedra interina fue asignada al Dr. Miguel Bustamante y Septien, también alumno de Cervantes, por motivos políticos y sin el debido proceso.    Así a finales de 1844, al entrar el gobierno de José Joaquín de Herrera, en uno de esos constantes cambios de gobierno que tuvo México en ese tiempo, llegó la oportunidad que buscaba el Dr. Altamirano, ya con 60 años de edad, para concursar por la cátedra.  Sin embargo, el gobierno cambiaría nuevamente a finales de 1845, y empezaría la guerra con los Estados Unidos.  Al parecer el Dr. Altamirano no obtendría esta cátedra, o no la ejercería por mucho tiempo, y se retiraría a Querétaro, donde se ocuparía años después de transmitir su conocimiento botánico a dos de sus nietos: el Dr. Fernando Altamirano y el Dr. Manuel Urbina y Altamirano

El escrito que se publicó en el Diario del Gobierno de la República Mexicana el 4 de junio de 1845, y sería copiado en el periódico El Siglo Diez y Nueve del 8 de junio de 1845, es el siguiente:

México, Junio 3 de 1845.

Señores redactores del Diario: suplico a ustedes tengan la bondad de insertar en su apreciable periódico los siguientes documentos relativos a botánica, por interesarle mucho a este su afectísimo servidor Q. S. M. B. – Manuel Altamirano.

TESIS BOTÁNICAS

El profesor de medicina D. Manuel Altamirano, en la oposición a la cátedra de botánica, sostendrá en idioma latino, como el más científico, cualquiera cuestión de esta ciencia, si así lo exigen coopositores.

También formará en griego nombres compuestos, adecuados a la denominación de un género botánico.

Se esforzará en señalar la clase, orden y género de más de cuatrocientas plantas, solo por el examen de su estampa respectiva.

De las plantas vivas o en buen estado, dará su descripción, aun de las más pequeñas de las fanerógamas, sin el auxilio de lente, y determinará su género y especie, previo el conveniente examen.

Dirá las virtudes médicas y algunos de sus usos económicos, según las doctrinas de los más célebres autores.

Recitará de memoria, según se le interrogue, todos o cualquiera de los aforismos del famoso Carlos Linneo, y dará su explicación y comento.

A más del sistema linneano, dará la explicación del sistema antiguo Tournefor y del moderno de familias naturales.

Trabajos literarios que tendrá el honor de presentar a la junta directiva de estudios.

1º Una censura de la cartilla botánica, impresa en esta capital el año de 1840 en la imprenta del Sr. Cumplido.

2º Presentará una cartilla botánica en verso castellano para el uso de los aficionados.

3º Otra cartilla en prosa, en que se contiene lo más elemental de la ciencia, y corre impresa.

4º Una disertación acerca de los hongos, impresa por la academia médica de esta capital.

5º Un tratado de ornitología, traducido de la Enciclopedia inglesa de Watkins.

6º Un ensayo acerca de los usos económicos de más de 150 vegetales.

Otros pequeños trabajos se hallan insertos en el periódico trimestre* que daba a la luz pública el año de 1830 el sabio D. Pablo de la Llave. Entre aquellos deben contarse: una relación de las plantas que estaban en flor en el rigor del invierno del mencionado año en el pequeño jardín de palacio. También es trabajo suyo la descripción de una especie nueva de salvia arbórea que existía entonces en el mencionado jardín.

Puede presentar igualmente, aunque en borrador, la descripción de nuestras plantas de las orillas de la ciudad de Querétaro, entre las que se hallan algunos géneros y especies nuevas.

(DISCURSO)

Señores.- Cuando compara el filósofo, los concursos que la nación más culta de la antigüedad, convocaba para coronar al que hubiera tenido la fortuna de poseer el corcel más ligero y adquirido la noble habilidad de manejarlo con destreza, con los que en las naciones modernas reúnen las ciencias para recoger entre los pretendientes al que más progresos haya hecho en ellas para confiarle la formación de la juventud, dándoles con el magisterio la recompensa más apetecida y más gloriosa de sus tareas, y la aprobación más solemne de su aprovechamiento, conoce cuales son los progresos de la humanidad y las conquistas que ha hecho la razón. 

¿Qué es, en efecto, una reunión como la presente? No, no es una vana ceremonia, es un estímulo al estudio; un examen de los que nos creemos con derecho a optar un puesto, que no lo da sino el saber; una lid en que debe quedar vencedor el que más robustecido y experimentado haya salido de las lecciones que en el retiro le haya dado la ciencia; un campo de gloria en el que cada uno de nosotros dará a conocer los trabajos con que en la soledad nos hemos hecho dignos del aprecio de nuestros conciudadanos; y una garantía que damos a la sociedad, de que no es el poder, ni las recomendaciones, ni las maniobras, sino el mérito: el mérito que es la capacidad adquirida con el estudio profundo, el que colocará al que dé mejor cuenta de sus adelantos, en la cátedra desde donde Flora enseñe a la juventud sus agradables y útiles secretos. Nada, pues, más justo ni conveniente para la ciencia y la patria, que el fututo catedrático de botánica sea aquel que mayores progresos tenga en la ciencia. 

Pasaron felizmente para ella aquellos días, en que la protección del poder como hacía empleados, así también afectaba hacer maestros, para lo que no bastan ni todas las perlas, ni joyas del oriente, ni el brazo de Alejandro: ¿quién no recuerda con dolor, señores, que diez y seis años se han pasado pidiendo lo que ahora  sin petición alguna ha procurado el ilustre director de esta establecimiento, y mandado ejecutar un gobierno bajo cuya sombra progresarán las ciencias: que en las cátedras verán el premio más debido y deseado de sus adeptos?  

Jóvenes, a quienes el amor de las bellas criaturas, que en los campos dan a la tierra la belleza, que las estrellas al cielo, seguid vuestra encantadora vocación, seguros de que ya las excursiones bajo de un sol ardiente en los montes, y en las que sufriréis todo género de penalidades en las barrancas y en los bosques, no quedarán sepultadas en el desdeñoso desprecio, ni os abandonarán a la indigencia, y a una muerte oscura en vuestros últimos días. No, ya no servirá más el estar constantemente soportando con una sonrisa forzada el desigual humor del poderoso, ni arrastrarse a los orgullosos pies de aquel a quien la fortuna elevó al mando, ni el congraciarse una multitud de amigos, que el estar continuamente consagrado a la ciencia para conseguir la guirnalda con que los jueces honrarán vuestras sienes, el día en que aspiréis a la calificación, que nosotros tratamos de ganar el día de hoy. ¡Y bajo de qué auspicios tan felices! Los jueces que decidirán de nuestro mérito, son los más instruidos y justos, el concurso el más ilustrado; y vos, señor director, el presidente más entusiasta por la gloria de las ciencias.

A no ser así, señores, yo no me presentaría en el estadio, pues conozco que mi vida retirada no me ha dado aquel barniz de sociedad que conquista fácilmente los ánimos. Nada hay en mi brillante, pues las plantas y los libros de un adicto a este ramo de historia natural, no despercuden, sino empolvan más en lo exterior al hombre; y mi lengua no tiene la soltura necesaria para explicarse con gracia, y menos aquella elocuencia con que Bufon y el autor de las cartas a Sofía han hecho amable el estudio de la naturaleza. Mas, ¿qué señores, con esas faltas no se podrá haber hecho progresos en la botánica? ¿Se trata de otra cosa? No ciertamente, y cuando os veo, señor ministro, cuando veo que vos, justo apreciador del mérito, en una ciencia que ha formado vuestras delicias, y en la que habéis logrado recoger flores tan bellas como son las que adornan muchas páginas, de las que habéis consagrado a la botánica; cuando veo, repito, que vos os habeis dignado el patrocinarme en este acto literario, nada temo, sino a mí mismo para no cantar el día de hoy: sublimi feriam sidera vértice.

* Registro trimestre

Relación de trabajos y discurso del Dr. Manuel Altamirano publicado el 4 de junio de 1845 en el Diario del Gobierno de la República Mexicana (primera parte)

Relación de trabajos y discurso del Dr. Manuel Altamirano publicado el 4 de junio de 1845 en el Diario del Gobierno de la República Mexicana (segunda parte)

Relación de trabajos y discurso del Dr. Manuel Altamirano publicado el 8 de junio de 1845 en El Siglo Diez y Nueve

viernes, 20 de mayo de 2016

20 de mayo de 1785 - 20 de mayo de 1865. Nacimiento y muerte del Dr. Manuel Altamirano

20 de mayo de 1785.  Nacimiento del Dr. Manuel Altamirano, quien será bautizado dos días después como José Manuel Bernardino de la Santísima Trinidad.  Su acta de bautismo indica lo siguiente:

"En la Iglesia Parroquial de Santiago de Querétaro, a veinte y dos de mayo de mil setecientos ochenta y cinco, yo el B. D. Juan Arriaga V. P. bauticé solemnemente a José Manuel Bernardino de la Santísima Trinidad, hijo legítimo de Don José Manuel Altamirano, y de Doña Ignacia Romo*, españoles** de la calle de las Malfajadas. Le sacó de pila Doña María Rosalía Altamirano, española** de la calle de los Infantes. le advertí las obligaciones y parentesco, y lo firmé. Rúbricas: Don Pedro González y Bachiller Juan Arriaga".

Una de sus biografías fue presentada en la tesis de su nieto, el Dr. Fernando Altamirano, Leguminosas Indígenas Medicinales, que fue copiada en la revista La Naturaleza, 1ª serie, tomo 4, 1879, de la Sociedad Mexicana de Historia Natural.  En esta se indica que .el Dr. Manuel Altamirano murió en 1865, el mismo día que cumplió 80 años, y en la misma casa que lo había visto nacer.  La mención completa del Dr. Manuel Altamirano en ese escrito es la siguiente:

“El autor dedica su trabajo a su respetable abuelo, el distinguido botánico Dr. Manuel Altamirano, quien hizo, entre otros estudios de mérito, la connotación científica de un gran número de las plantas que describe el Dr. Hernández, y que al autor le sirvió de base para su Memoria. Copiamos a continuación algunas de las noticias biográficas que refiere acerca de aquel sabio mexicano.

«Su amor a la botánica y su ardiente deseo de dar a conocer nuestra flora, se revelan claramente en el asiduo afán y en la constancia admirable con que se dedicó a recoger por si mismo las plantas del Valle de México, cuyas descripciones hacía; extendiéndose sus trabajos hasta una gran parte de la flora de Querétaro y de S. Luis Potosí. Escribió una cartilla botánica de nuestras plantas más comunes y la página de Linneo donde se encontraban descritas. Vieron también luz pública varios de sus trabajos, tales como la descripción de la Lantana crocea que el Sr. La Llave insertó en su "Registro Trimestre", las descripciones de algunas plantas de ornato cultivadas en Querétaro, consideraciones sobre los hongos venenosos y cómo deben usarse, etc. La Yerba del Cura, Ternstroemia Altamirania le fue dedicada como botánico distinguido de su época. Fue nombrado espontáneamente miembro de la Sociedad Médica de Madrid, nombramiento que recibió con sorpresa, pues jamás había solicitado este honor. El notable político y jurisconsulto Sr. Luis de la Rosa, secretario de relaciones en esa época y de grandes conocimientos botánicos, lo comisionó para que describiese la flora del estado de Querétaro, pero la revolución paralizó sus trabajos. Poseía varios idiomas, como el francés, inglés, griego, mexicano, sobre todo el latino que hablaba y escribía correctamente, y enseñó por muchos años en el colegio de Querétaro. Por último, pasó el resto de su vida laboriosa en esta ciudad, donde murió en 1865, el mismo día que cumplió 80 años, y en la misma casa que lo había visto nacer, dejando inéditos un gran número de trabajos, en los que anotaba las aplicaciones útiles de algunas plantas, la sinonimia vulgar, etc., etc., que desgraciadamente fueron destruidos en nuestros continuos movimientos revolucionarios»”.

El Dr. Manuel Altamirano falleció el 20 de mayo de 1865 en Querétaro.  Su acta de defunción indica lo siguiente:

“En el Camposanto del Espíritu Santo de Querétaro, a veinte de mayo de mil ochocientos sesenta y cinco, se dio sepultura al … al Sr Don Manuel Altamirano, de ochenta años: casado que fue con Doña Jacoba Anaya***: originario de Querétaro, y de profesión Médico: murió de ancianidad en la calle de las Malfajadas. Se leyó y para constancia lo firmé. Rúbrica: Agustín Guisasola.”


*.También Ignacia Ortiz de Zárate, pero quien aparece en algunos documentos como Ignacia Romo y en otros como Ignacia Ferrusca.
** "Españoles", en estas actas de la Nueva España señalaban su grupo étnico, no su lugar de nacimiento (podían haber nacido en México y aun así ser identificados en las actas como españoles).
***Su, al menos, quinta esposa.



Acta de Bautismo del Dr. Manuel Altamirano. 22 de mayo de 1785

Biografía del Dr. Manuel Altamirano, publicada en la revista La Naturaleza 1ª serie, tomo 4, 1879. Primera parte.

Biografía del Dr. Manuel Altamirano, publicada en la revista La Naturaleza 1ª serie, tomo 4, 1879. Segunda parte.

Acta de defunción del Dr. Manuel Altamirano. 20 de mayo de 1865.


18 de mayo de 1843. Resumen de los méritos literarios y políticos del Lic. Juan Nepomuceno Mier y Altamirano, hermano del Dr. Manuel Altamirano.

18 de mayo de 1843. El periódico El Siglo Diez y Nueve publica una carta enviada por una persona que se identifica como Un amigo del Lic. Mier y Altamirano, en la cual brinda un ligero resumen de los méritos literarios y políticos del Lic. Juan Nepomuceno Mier y Altamirano, hermano del Dr. Manuel Altamirano.

Es posible quee este escrito pudiera haber sido redactado inclusive por el mismo Dr. Manuel Altamirano.

El escrito es el siguiente:.

Sres, editores del Soglo XIX.- Casa de ustedes. Mayo 1° de 1843.- Muy señores míos:

Confiando en la indulgencia de ustedes, no dudo que tengan más grata acogida en su luminoso periódico las siguientes indicaciones o llámense Lecciones de la fortuna, sugeridas solamente por los sinceros sentimientos de la amistad, de la compasión, y permítaseme decirlo, del amor a la justicia. Ellas tienen la conexión más íntima con la genial beneficencia y justificación del supremo magistrado de la república, con la gratitud nacional, con la subsistencia de una honrada familia, cuyo padre, después de haber prestado muchos años importantes servicios a la patria, se halla en el día destituido de recursos: con la suerte de un antiguo patriota, que habiendo merecido en todas las épocas de nuestra independencia como funcionario público, la confianza de las supremas autoridades, y el honor de que lo recomendase del modo más expresivo, como diré luego, el mismo ilustre presidente que rige en la actualidad los destinos de la patria, se vio repentinamente privado de todo auxilio en el último tercio de su vida; vamos pues al propósito.

Las intenciones siempre benéficas del Excelentísimo Señor Presidente que cuenta como Tito, perdido el día en que no ha dispensado una gracia, esa generosa propensión de favorecer a los desvalidos, se manifestó con un rasgo brillante en la orden del día 24 del próximo pasado abril, inserta en el Diario del Gobierno del martes 25, comunicada por el Ministerio de Hacienda al de Justicia, sobre la colocación del benemérito Lic. D. Crecencio Chico Sein. Es verdad que toda comparación es odiosa; pero cuando se trata de indemnizaciones o recompensas políticas, ¿quién no advertirá que el Lic. D. Juan Nepomuceno Mier y Altamirano (este es el individuo a que aluden mis anteriores expresiones), aunque sólo se considerasen la gran diferencia de su edad, respecto de la del Sr. Chico, y por consiguiente su más dilatada carrera en los empleos y servicios públicos, de que haré luego una breve reseña, merece por lo menos igual indemnidad y consideración del Supremo Gobierno?

Conviene advertir antes de hacer un ligero resumen de los méritos literarios y políticos del Lic. Mier y Altamirano, que todos ellos además de ser la mayor parte notorios, están documentados en la relación minuciosa que he tenido a la vista, y que obra en un cuaderno de que repetidamente se ha instruido así el Supremo Gobierno, como la Suprema Corte de Justicia.  

Allí pues consta que el mismo Lic. Mier y Altamirano en su carrera literaria obtuvo las más honoríficas calificaciones y primeros premios así en el Colegio de San Javier de Querétaro, donde cursó filosofía, como en el Tridentino Seminario de esta capital, donde estudió jurisprudencia; que se recibió de abogado el año de 1809, y así antes como después de esta remota época, se consagró constantemente a los estudios serios y a la bella literatura, y en todo esto existen comprobantes en muchos periódicos e impresos.  

Por lo que toca a sus servicios patrióticos, allí también aparece 

que tuvo una parte muy directa y activa en el plan de nuestra gloriosa independencia formado por los primeros héroes, siendo uno de ellos el inmortal y excelentísimo Sr. D. Ignacio Allende, de quien mereció el más alto concepto y la más honrosa confianza: 

que sufrió por tan gloriosa causa y por muchos días una dura prisión en Querétaro, desde el memorable 16 de Septiembre del año de 1810, y desde la hora misma en que se daba el grito de libertad por aquellos ilustres caudillos en el pueblo de Dolores: 

que contribuyó cuanto estuvo a su alcance a que se consumase la independencia proclamada por el héroe de Iguala en el año de 1821: 

que fue electo diputado suplente para las Cortes de España en el año de 1820, y del mismo modo para el Primer Congreso General Mexicano que se declaró después convocante y fue uno de los que compusieron la Junta Instituyente por disposición del mismo héroe de inmortal memoria, el Sr. Iturbide, 

que habiéndole nombrado juez de distrito, del que fue estado y hoy departamento de San Luis Potosí, sirvió ese empleo por espacio de diez años, sin que en tan largo periodo y en medio de las más difíciles circunstancias se le hubiera jamás extrañado procedimiento alguno, antes bien, tanto del Supremo Gobierno como de aquel Supremo Tribunal, recibió honoríficos testimonios de confianza y aprobación en el desempeño de importantes negocios y comisiones: 

que en todo ese decenio fue asesor gratis de la Comandancia General del mismo departamento, despachando innumerables expedientes y consagrando a tan espinosas fatigas aun las pocas horas de su descanso: 

que en el año de 1835 en que transitó el excelentísimo señor actual presidente, por la capital de San Luis Potosí donde eran entonces juez de distrito, y en cuyo tiempo se verificó venciendo grandes obstáculos el remate del arrendamiento de las Salinas del Peñón Blanco, mereció que su excelencia, atendiendo a los enérgicos procedimientos que con el carácter de juez de hacienda, hizo en aquel negocio, lo recomendase del modo más eficaz y honorífico al excelentísimo Sr. Barragán, presidente interino que entonces era de la república, con el objeto de que influyese a fin de que se colocara en el Tribunal Superior de la Guerra que existía en aquel tiempo, o en otro destino adecuado a su profesión, lo que no tuvo efecto por la prematura muerte de ese supremo magistrado: 

que dos veces fue propuesto, y la segunda en primer lugar por la excelentísima Diputación de Querétaro, para gobernador de aquel departamento: 

que dos veces fue también propuesto en terna por el Supremo Tribunal de Justicia, y una de ellas en primer lugar para el Juzgado de Distrito en propiedad de esta capital, y lo fue también para juez propietario del Tribunal de Circuito de Celaya: 

que por haber manifestado paladinamente su constante adhesión al Supremo Gobierno entre las notorias turbulencias acaecidas en el dicho departamento de San Luis Potosí, constreñido a la necesidad y atendiendo a su propia conservación, renunció al empleo de juez de distrito, y sin embargo de la menor dotación y categoría pretendió la plaza de promotor fiscal del Juzgado de Hacienda de esta capital, que obtuvo..., en propiedad, en la que se dedicó con improbo trabajo al despacho del capítulo de negocios que giraban en ese mismo juzgado:

que fue nombrado el año de 1837 ministro de los que debían juzgar a los de la Alta Corte de Justicia y de la Marcial:

que por el empeño con que promovió los derechos del Banco de Avío identificados con los de la hacienda pública, fue invitado el mismo año de 1837 por los señores vocales de la misma junta, con especialidad por su presidente y ministro entonces de justicia, el excelentísimo Sr. Peña y Peña, para que asistiese en calidad de consultor a las sesiones de aquella, lo que verificó constantemente y después como asesor de la misma con aprobación del supremo gobierno:

que obtuvo posteriormente el Juzgado de Distrito hasta su extinción por la que quedó privado repentinamente de una colocación en que estaba cifrada toda su subsistencia y la de su numerosa familia:

que aunque fue nombrado ministro suplente y perpetuo de la Suprema Corte, y magistrado también suplente y perpetuo del Tribunal Superior de Justicia, y aunque ha asistido casi sin interrupción, desde que se dio el decreto de la materia, en ambos tribunales especialmente en el segundo por el método prescrito en el decreto de la materia, y por el que se ha observado en la distribución de sueldos, agregándose a esto las notorias escaseces del erario, no ha llegado todavía el caso de que perciba ni un medio real del sueldo asignado a los suplentes; 

habiendo vacado por renuncia del Sr. Romero una de aquellas magistraturas en propiedad, aspiró a ese destino, y conforme a las disposiciones legales que entonces regían, fue propuesto en terna, así por el Tribunal Superior, como por la Suprema Corte, pasando en consecuencia el expediente respectivo al Supremo Gobierno, donde existe sin haberse procedido a la provisión, a causa sin duda de la nueva planta que se dio a ese tribunal cuyo definitivo arreglo está suspenso todavía, pero no lo está la triste situación del Lic. Mier y Altamirano, quien después de su larga carrera en el estudio y patrióticos servicios, vio desaparecer de un golpe toda su escasa fortuna y cuando debía esperar por premio de sus tareas el descanso de su vejez, y el proporcionar a sus hijos una educación correspondiente a su clase, hace ya muchos días que se halla hundido en la inopia, consecuencia necesaria de la destitución de todo empleo y de todo recurso pecuniario, sin embargo de que se le deben cantidades considerables de los sueldos que había devengado y sobre cuyo pago no ha hecho solicitud ni gestión alguna, atendiendo a las exigencias de la causa pública y escasez de los fondos nacionales.  

Creo muy bien que tal calamidad y la aflictiva situación de un experto letrado y de un honrado ciudadano que ha merecido bien de la patria, no ha llegado a noticia del excelentísimo señor presidente, o no le han permitido fijar ni aun por pocos momentos la atención en este particular objeto; pero estoy seguro de que si llega a la feliz oportunidad de que resuene en sus oídos el clamor de la justicia, y puede también decirse de la patria que sabe agradecer los verdaderos servicios, tendrán estos una indemnización y recompensa digna del grande héroe que se complace en las acciones benéficas y que ha consagrado toda su existencia a las glorias de la nación mexicana y al bienestar de sus individuos, teniendo yo al mismo tiempo el placer de hacer este obsequio a la verdadera amistad, y al mérito que yace abandonado.

Es de ustedes afectísimo servidor que B. SS. MM..

-Un amigo del Lic. Mier y Altamirano.